La que calla, otorga

Hace poco, una persona me hizo un comentario refiriéndose a que no trabajaba y asumía que mi esposo se encargaba de todos los gastos de la casa. La frase fue así: “si los dos trabajaran sería distinto, porque se bandearían el uno con el otro, pero en su caso es diferente y todo el peso recae en una sola persona”.

Me quedé en posición de estatua, no pestañeé, no respondí, no comenté, no dije nada. Actué como si fuera una extensión de la pared.

Luego me quedé pensando… “el que calla, otorga” y con mi comportamiento, le estaba confirmando a esa persona que yo “no trabajaba”.

Aunque para muchas personas el concepto de “trabajo” difiere. Incluso según la RAE hay dieciocho (sí 18) definiciones para la palabra trabajo. Así que colocaré algunas:

Trabajar

Del lat. vulg. *tripaliāre ‘torturar’, der. del lat. tardío tripalium ‘instrumento de tortura compuesto de tres maderos’.

  1. intr. Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual. Trabajar en la tesis doctoral. Trabaja poco y mal.
  2. intr. Tener una ocupación remunerada en una empresa, una institución, etc. ¿Trabajas o estudias?
  3. intr. Ejercer determinada profesión u oficio. Trabaja COMO periodista. Trabaja DE jardinero.
  4. tr. Tratar de influir en alguien para lograr lo que se desea de él. Trabajó a su marido para hacerle cambiar de opinión. U. t. c. prnl. Trabajarse a un cliente.

 

Tal vez se refería a trabajo remunerado, quise justificar, pero recordé que yo sí tengo trabajo remunerado. Mis pacientes pueden dar fe de ello, sino me van a reclamar por cobrarles y no atenderlos gratis, y los colegios que me contratan, también. Seguí pensando, tratando de entender qué había hecho que yo no diga nada, que no me defendiese, que no responda y que además, alguien tenga ese concepto de mi vida laboral y de mi ocupación en general.

Es cierto que la mayor parte de mi trabajo no es remunerada, porque nadie me paga por criar y atender a mi hijo, pero es una chambaza que requiere de mi dedicación, paciencia, creatividad, disposición, amor y presencia de manera constante. Sin embargo, una gran parte de mi semana la dedico a recibir un pago por mis servicios (consultas, charlas, talleres, conversatorios, entre otros) ¡Incluso vendo productos por catálogo!

Continué indagando en mí, pensando qué podría haber causado tal comentario (ya que todos somos un espejo) y descubrí que yo misma estaba minimizando mis dos trabajos, e incluso mi remuneración, y por lo tanto, el aporte económico a mi familia. Además, probablemente continúe sin darle el verdadero reconocimiento a mi labor de mamá. Entonces, si yo no me reconozco, los demás tampoco lo harán, porque te tratan según como te tratas.

Conversé con mi mamá al respecto, hablando sobre mi “poco” trabajo y me dijo: ” Esa es tu creencia”. Claro, si ella es la que por lo general, cuida a mi hijo mientras yo trabajo.

Así que como me sentía inquieta, antes de dormir, decidí solicitar mis estados de cuenta y revisar de algún modo mis ingresos. Antes de tener a mi primer hijo, tenía un flujo de caja súper preciso, que llenaba religiosamente, pero un par de días antes de dar a luz, cambié la clave por una frase motivacional – como se me adelantó el parto, no volví a entrar inmediatamente – y luego la olvidé, así que nunca más pude tener acceso a 4 años de información sobre mi vida económica.

Al recibir mis estados de cuenta (gracias a la aplicación del banco, puedo acceder incluso al año 2016) me llevé una gran sorpresa, mis ingresos económicos eran muchísimo mayores de lo que pensé. Si bien no son los mismos que antes de tener a mi hijo, porque atendía más horas, trabajaba en la radio, en proyectos grandes, etc.  Eran una prueba de que la carga económica de mi familia es compartida, aunque sea proporcionalmente.

Mi mamá tenía razón, tal era mi creencia, completamente distorsionada, acerca de mis ingresos y aportes, que solo me estaba enfocando en mis egresos y muy poco o nada en mis ingresos.

Una amiga me dijo: “tienes que marketearte, siempre te veo dictando charlas, talleres, atendiendo …”  Es verdad, y la primera persona con la que tengo que hacerlo es ¡conmigo misma!

La próxima vez, con toda seguridad responderé: ¡Claro que trabajo! nunca he “chambeado” tanto en mi vida, aunque mi mayor trabajo sea no remunerado.

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