El agradecimiento

Alrededor de los 17 años fue mi primer contacto con un libro de metafísica. Como ya he contado en otro post (creo que lo llegué a publicar) siempre iba con mi mamá a una tienda en la Av. Petit Thouars, donde por tu compra, te regalaban un librito del Nuevo Pensamiento.

La tienda se llamaba Mundo Cosmético, y los libros que más recuerdo son Pide y se te dará de Esther y Jerry Hicks, y Metafísica Al alcance de todos de Conny Méndez (fue precisamente sobre este libro que hice mi primera monografía y exposición en la Universidad).

En el 2010, por sugerencia de mi psicóloga (así es voy a la psicóloga, así como un odontólogo va a uno) leí Ud. Puede sanar su Vida de Louise L. Hay y a parte de recordar todo lo dicho por Conny Méndez en su libro, sentí que se abrió un nuevo mundo para mí, ahora sí definitivamente.

Toda esta corriente habla mucho de la importancia del agradecimiento frente a todo lo que nos pasa, y enfocarnos más en lo que tenemos que en lo que nos falta.

Hoy, mientras hacía dormir a mi hijo, recordé que mi primera lección sobre el agradecimiento me la dio mi papá.

Tendría yo unos 8 años – porque ya podía escribir bastante por mi cuenta- y le pedí ayuda para hacer mi carta para Papá Noel. Lo primero que me dijo fue que tenía que darle gracias por los regalos recibidos el año anterior, así que redacté:

Querido Papá Noel:

Gracias por los regalos que me trajiste el año pasado, este año quisiera que me traigas …

De esa forma escribí mi carta hasta los 30 años (jajaja sii Papá Noel me trajo regalos hasta esa edad), aunque ya en esa época la dejaba en el árbol de mi mamá y le mandaba una copia a mi esposo. Tengo un hermano al que le doblo la edad, entonces era necesario que todos recibamos regalos para mantenerle la ilusión.

En el 2014, cuando empecé a estudiar Ciencia de la Mente, Gladys Gonzales – Vigil de Alquimia, habló sobre el diario de agradecimiento o gratitud. En ese momento, recordé que en el 2010 había ido a un taller de Louise Hay, dictado por Flori Salcedo de Alea, y había empezado uno, pero como eran 50 ítems diarios, lo abandoné al poco tiempo. Entonces, Gladys me sugirió que solo apunte 10, y lo empecé.

Desde el inicio noté sus beneficios en mi estado de ánimo, sensación de bienestar, actitud hacia la vida, situación económica, proyectos laborales, etc.

Ha habido un par de temporadas en que lo he dejado de lado, como cuando nació mi primer hijo, y ahora que tengo a una bebita de casi 3 meses. Cuando recién nació lo seguí escribiendo, pero van varias semanas que no me he dado el tiempo.

Aunque trato de agradecer siempre, sobretodo cuando me baño (porque es uno de los pocos momentos al día que estoy sola), sentarme unos minutos a escribir mis agradecimientos es, al menos para mí, mucho más profundo.

Una vez mi esposo y yo, fuimos por la carretera diciendo todo lo que agradecíamos, fue un ejercicio muy bonito que no se ha vuelto a repetir. Supongo que porque se siente un poco de roche al inicio, además no se te ocurre qué decir, hasta que los agradecimientos empiezan a fluir.

Puedes tener un diario de agradecimiento, o agradecer mientras te transportas, caminas, limpias o cualquier cosa que hagas con tranquilidad.

Hoy conversaba con mi hijo sobre su carta a Papá Noel, de las cosas por las que le daba gracias y lo que le pediría. Aún no entiende del todo el concepto del agradecimiento, pero le da las gracias a las personas siempre, así que algo está interiorizando.

Agradezcan siempre, hubo veces que no agradecí por sentir que no lo estaba haciendo apropiadamente (por ejemplo, cuando me encontraba con alguien y no tenía la tarjeta de agradecimiento por lo que me regaló por mi matrimonio) y perdí oportunidades muy bonitas para darle las gracias a esas personas.

Que diciembre sea un mes para agradecer, así sintamos nostalgia.

Con amor,

Rebeca

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